sábado, 27 de enero de 2018

Mi primera visita a FITUR

Me habían hablado maravillas de FITUR, así que decidí pasarme el fin de semana pasado para ver si realmente merecía tanto la pena. La verdad es que es espectacular, especialmente para los que nos gusta el turismo tanto fuera como dentro de nuestro país. Pero vamos por partes. 
Entré por el pabellón dedicado a América, en cuya entrada había mariachis tocando. Los pabellones estaban divididos por países (también había una sección de LGTB) y algunos estaban muy currados, aunque como destino lo único que me interesa es la Riviera Maya y, para qué engañarnos, no volvería a sufrir el jet lag por visitarlo. Así que pronto pasé a los pabellones de España (que había varios).
El de Andalucía era inmenso, con actuaciones en el centro, y yo fui por los stands pidiendo información de monumentos, museos y cosas que visitar. Aunque fui muy específica (descarté gastronomía, turismo activo, turismo de playa...) ya empecé a estar cargada solo con ese pabellón y las revistas de viaje que me había agenciado al entrar. En el siguiente ya estaba cargadísima, con dos bolsas llenas colgadas del brazo, más mi mochila, con el abrigo y más revistas y folletos. Es que en casi cada provincia, y desde luego por comunidades (a veces hasta pueblo a pueblo), te dan desde miniguías de viaje hasta folletos, postales y calendarios, por no hablar de que en muchos sitios había reparto de otros materiales: desde camisetas hasta flores, pasando por degustaciones..., que hacía que, en cuanto sacaban algo, la gente se lanzara como buitres a cogerlo. Alguna vez me pilló en medio, pobre de mí, y me costó salir (¡menudo agobio!).
En algún momento me agobié tanto, entre el peso que llevaba encima, el calor que hacía, la gente..., que tuve que irme a una zona más despejada, despatarrarme en el suelo y respirar hondo un buen rato, porque de lo contrario me hubiera dado un patatús allí mismo. Aproveché el inciso para hacer inventario y deshacerme de cosas (solo dos revistas cayeron, lo demás me interesaba: nota mental, ¡la próxima vez que vaya a FITUR debo llevar maleta!). Finalmente, acabé los pabellones de España con la mochila y tres bolsas llenas de guías de viaje y folletos. También había pabellones más de profesionales que ni me habría molestado en ver de no ser porque estaban un poco en medio. 
Pero bueno, luego, al pasar a Asia, Europa y África ya no era lo mismo: como el de América, estaban por países y solo tenía que hacer el esfuerzo de llevar el peso que ya traía, sin añadir más. No daban miniguías y materiales tan completos como en los pabellones de España y estaban más pensados para llamar la atención del visitante y venderle el viaje in situ, o al menos esa es la sensación que me dio. Así que, como para eso me voy a una agencia de viajes y el peso estaba pudiendo conmigo, decidí darme una vuelta rápida por ellos e irme a casa. 
Por cierto, no hice fotos porque me era físicamente imposible cargar con las cosas y disparar la cámara a la vez, aunque algunos pabellones eran dignos de fotografiarse.
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1 comentario:

  1. Qué guay, nos ha parecido muy interesante, debe de estar chulo.
    Qué pena no haber podido hacer fotos, pero claro, con lo cargada que ibas... normal.

    ¡Saludos!

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