miércoles, 20 de enero de 2016

El gran problema del etiquetado

Nunca me ha gustado etiquetar. Etiquetar reduce siempre, no aporta nada y es motivo de confusión en muchas ocasiones. Con los libros también pasa, en el momento en que etiquetas reduces la obra a un único género, con todos los problemas que ello conlleva. El problema se amplía cuanto más general es la etiqueta (por ejemplo, si no existe sección chick lit meten las novelas chick lit en romántica, aunque no tengan que serlo necesariamente), cuanto más fuerzan los de marketing la etiqueta para que el libro se ajuste al género de moda (como los supuestos libros “eróticos” que en realidad son románticos) o  cuanto más incompetente es el etiquetador (que a veces no se lee el libro y pone el libro donde pegue su portada... he llegado a ver libros de Megan Maxwell en la sección de juvenil).
Por otra parte, ¿qué hay de los libros que no encajan en ningún género? ¿o los que encajan en varios? Ya veis que en algunas de mis reseñas en la parte donde pongo el género, a veces parece un recital, y aun así a veces no me siento conforme, me da la sensación de que me quedo corta o a veces hasta tengo que colocar un simple "narrativa" porque no sé dónde meterlos.
Me he visto en serios apuros a la hora de etiquetar mis propios libros (y es que o los etiquetas o no te los coge ninguna librería porque "no saben dónde ponerlos", ni los puedes inscribir en directorios...) porque son una mezcla de géneros. Y si en Incursores de la noche ponía fantasy tendría problemas con los que quisieran pura fantasy, porque tiene tintes distópicos. Pero si ponía ciberpunk se quejarían a la inversa. Y, aunque la historia de amor podría decirse que es secundaria, siempre habría quien se quejaría porque era romántico y no lo he puesto. Pero no podía poner romántica porque predominaba la acción, pero nadie que lo lea puede decir que se pueda etiquetar en ese género solo y, para colmo, en el mundo literario no parece existir esa etiqueta tan cinematográfica (si no, mostradme los estantes de acción en cualquier librería). Al final, desquiciada, lo etiqueté simplemente como juvenil, etiqueta que es un completo cajón de sastre que no aclara nada, y así se quedó.
Vamos, que las etiquetas complican más que ayudan, salvo en casos de libros que son claramente de un género, y no tienen tintes de cualquier otro. No obstante, aparte de pedirlas las librerías (por lo dicho, tener las cosas clasificadas y saber dónde colocar los libros) muchas veces son los propios lectores quienes las exigen, porque algunos se ciñen a un género y no leen nada que no se ajuste perfectamente a él. Lo que a su vez tiene como consecuencia que, si etiquetas un libro que se ajusta a varios géneros con solo uno, esos lectores se sientan engañados y se quejen (parte de razón llevan).
Pero poco se puede cambiar, salvo (muy a largo plazo) las mentalidades de la gente. Ni la librería puede poner más secciones para ajustarse a la mezcla de géneros, ni los directorios o plataformas de venta online pueden crear categorías especiales para dos o tres libros. Pero sí podemos intentar hacer comprender a los lectores de que hay que ir más allá de las etiquetas y que algunos libros solo se pueden clasificar como inclasificables, pero no por ello dejan de ser grandes obras.
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2 comentarios:

  1. Hola!!
    La verdad que yo me guío por la sinopsis, la etiqueta o genero viene en segundo lugar, leo de todo un poco y si me llama pues le doy la oportunidad, el genero me viene según el estado de animo algunas veces. Besos.

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    Respuestas
    1. Hay mucha gente que se guía por la etiqueta, y si no está en ese estante ni lo mira.

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¡Mi opinión no es única! Da la tuya: eso sí, con educación. Os recuerdo que si habéis reseñado los libros que comento podéis mandar el link para que lo enlace también. Esos links, los relacionados con la entrada, son los únicos que permito.

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