domingo, 4 de septiembre de 2011

Cuarto relato del concurso

Relato nº 4 ¡Hago un llamamiento!
Nunca he sido una conformista. Siempre he soñado con un mundo mejor y una completa libertad de expresión. Desde bien pequeña me he revelado con todo aquello que no me gustaba y a medida que crecía definía mejor mi ideal político. Siempre he anhelado una utopía y aunque se que es “imposible” de alcanzar, me dejo cada día el pellejo por conseguirla.
Recuerdo mis años de universidad... No faltaba a ninguna manifestación y luchaba por el interés de los demás. Escribía miles de cuartillas informativas para conseguir mi objetivo. Andaba metida en más de una organización que soñaba con un futuro mejor. Siempre pensé que todo ello era labor de los jóvenes y que si no nos revelábamos, acabaríamos peor de lo que estábamos. Era la década de los 80 y a la gente joven se nos tachaba de drogadictos adictos al rock. ¡Que ignorancia! Cierto es que muchos jóvenes nos vimos envueltos por aquella nueva tendencia musical pero si los que la criticaban hubiesen escuchado mejor sus letras se hubiesen dado cuenta que en aquellas canciones solo se nos pedía revolución y cambio. Para nada eramos unos drogadictos, solo creíamos en el cambio y en ser diferentes. ¿Qué nuestras vestimentas no eran las de siempre? ¡Claro que no! Era señal de rebeldía pero no de delincuencia. Por suerte, algo cambiamos. Fracasó un golpe de estado, un partido socialista tomó el poder mayoritario en España, superamos una crisis económica y nos incorporamos a la CEE. Por desgracia no todo fue bueno en aquella década. ETA hace una
verdadera matanza en las puertas de un centro comercial. Todo ello fue gracias a nuestra lucha y nuestra resistencia. Cada vez eramos más las mujeres que nos incorporábamos a la vida laboral y surgió la primera ley de divorcio (1981). ¡Qué buenos años aquellos! La juventud tenia  inquietudes, tenia dudas, tenia ganas de crecer y no se dejaban vencer. Apostaban por lo que creían y se movilizaban.
Hoy, treinta años más tarde, los jóvenes si son conformistas. Por suerte, todos han tenido unas ventajas que les han permitido vivir en la mayor de las comodidades. Sus familiares han luchado por su completo bienestar y muy pocos son los que han vivido en necesidad. Muchos se han tomado la libertad de abandonar los estudios. ¡Lo que hubiese dado mi abuela por asistir a una escuela! Han preferido tener dinero en los bolsillos a pesar de su escasa o incompleta formación. Hoy en día, todos aquellos jóvenes que forman el “boom del ladrillo” se ven atrapados en un camino sin fin. Su poca formación les impide llegar a los escasos puestos laborales. Muchos, incluso, tienen responsabilidades familiares que les impiden volver a retomar los estudios. ¿Qué será de ellos? ¿En que piensa la juventud? Los jóvenes que empiezan sus estudios universitarios
tampoco se quedan atrás. Ellos creen que cuando finalicen de estudiar toda esta situación estará arreglada y que no les perjudicara... A fin de cuentas, aun quedan unos años. ¡Qué comodidad! ¿Y si no es así? ¿Y si esta crisis se agrava más de la cuenta? ¿Cuantos años de lucha se habrán perdido? 
Por suerte, yo tengo mi vida resuelta. Tengo un trabajo estable (o todo lo estable que puede ser un trabajo a día de hoy), un piso pagado y una familia que esta junto a mi. Luché todo lo que estuvo en mis manos cuando tuve ocasión. Ahora me toca vivir y disfrutar de todo lo que alcancé cuando tuve edad. ¿Qué en un años años la crisis continua? Con suerte solo me afectara a la remuneración de mi pensión, pero no tendré más gasto que mis alimentos. Sé que no pasaré necesidad. ¿Pero y los jóvenes? ¿Y todos aquellos que están hipotecados de por vida? ¿Y la juventud que aun no se ha emancipado? ¿Y todas aquellas familias que están paradas? ¡Hay que moverse! Hay que mostrar nuestro enfado, no nos podemos conformar. ¡Qué los jóvenes
alcen su voz! Que se manifiesten, que griten, que luchen, que estudien, pero que no abandonen. No se puede permitir que por la incompetencia de aquellos que dicen luchar por sus paisanos, este el país como esta. ¡Revelaros! No dejéis que nadie marque vuestro futuro. Todo esta en la mano de aquellos que quieran seguir hacia delante.
Ojala esta carta llegue a buen reparo y sirva a muchos de estimulo para seguir soñando. ¡Que nadie destruya vuestros sueños! Esta situación puede cambiar solo si nosotros creemos en el cambio. Si nosotros queremos, ellos querrán.

2 comentarios:

  1. Más que relato, parece una proclama al estilo "¡Indignaos!" :-)
    Me gustaron los detalles históricos, se ve que hay mucho conocimiento y/o investigación detrás de éstas letras.

    Mucha suerte a la autora!! Besos!

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  2. Como dice mi kerida Maga, más que un relato parece un artículo de un periódico, jejeje. Y sin dudas hay mucha cultura y conocimiento tras estas palabras... Aquellos maravillosos años... (suspiro).

    Suerte!!!!

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